Proyecto de escritura

Textos expositivos: el análisis de causas

Texto 1

Hace pocos días, una colombiana inteligente y que siente entusiasmo por España, donde ha residido bastante tiempo, se lamentaba de cómo se habla aquí. “Oír hablar a un español culto -me decía- es una delicia; manejan con gran dominio la lengua, tienen una pronunciación que nos resulta especialmente agradable; pero la mayor parte de la gente destroza el idioma.” Es sabido que Colombia es uno de los países de nuestra lengua que la cultivan con mayor esmero; tiene una tradición filológica ilustre; su Academia es de las más activas y competentes. Mi interlocutora usaba la lengua común con gran perfección, lo que daba mayor valor a su queja.

Es notorio el deterioro que la lengua está experimentando en casi todas partes; el descenso vertiginoso de la enseñanza, la idea de que no hay normas, de que cada cual puede hablar y escribir como quiere, la escasez de lectura en grandes zonas de la población, la falta de modelos en la oratoria política o académica, la influencia de gran parte de los que hablan por radio o en la televisión, aunque no todos, son causas bien conocidas y con frecuencia comentadas. Hay unos cuantos escritores y filólogos que se dedican con gran competencia y talento a descubrir las injurias que se hacen a la lengua y tratar de defenderla, no sé si con el éxito merecido.

Casi siempre fijan su atención en el léxico; algunas veces en la sintaxis. A mí me preocupa, quizá todavía más, lo que afecta a la prosodia, la pronunciación, la acentuación, las formas de elocución. Así es como realmente se habla.

Lo que muchas veces se oye no es español. Tampoco es otra lengua, por supuesto: es español degradado, degenerado. Y casi siempre voluntariamente. Quiero decir que no por mera ignorancia, por falta de instrucción. Los que no la han recibido, o muy poca, por ejemplo en medios rurales, no padecen de esto. En particular, los viejos, que son los que en muchos casos no han recibido formación escolar, mientras que los jóvenes, mejor o peor, la han tenido. Los campesinos de cierta edad hablan como se habla, sometidos a las vigencias propias del idioma, y esto suele querer decir que hablan bien.

Los que se nutren de formas de hablar no espontáneas, sino aderezadas por una estilización negativa, es decir, por una corrupción deliberada, hablan mal, hasta grados que son inquietantes, que constituyen una amenaza, no ya para lo que se llama la “cultura”, sino para las vidas personales de los que así se expresan, y por supuesto para la personalidad nacional.

Cada lengua tiene un ritmo propio, que suele reflejarse en las formas métricas más espontáneas y frecuentes -el romance en español, el endecasílabo en italiano-. Al español lo caracterizan, por ejemplo, las palabras átonas, algunos pronombres, que en mudos casos quedan adscritos al verbo, formando una sola palabra en la lengua escrita (dime y no di me), los artículos, etcétera. Constantemente se oye cómo algunos locutores hacen una extraña pausa entre el artículo y el nombre que lo sigue, con lo cual destruyen la melodía propia de la lengua.

 Otra peculiaridad del español es su propensión a ligar las palabras, lo cual le da fluidez y es, por otra parte, la única razón de que sea un poco más difícil de entender, a pesar de su clarísima fonética, para los que no conocen la lengua. Siempre me ha sorprendido por qué un español entiende mejor a un italiano que un italiano a un español, hasta que he caído en la cuenta de que la claridad fonética es comparable, pero en italiano se separan más las palabras, y así se individualizan, se perciben sus límites, mientras que la continuidad del español dificulta distinguirlas para los que no las conocen. La sinalefa, la formación de diptongos con vocales que pertenecen a dos palabras contiguas, es esencial al español -y para mi gusto preciosa-, pero tiene esa consecuencia. Pues bien, la sinalefa es sañudamente perseguida por muchos que hablan en público, y su ejemplo cunde, lo cual significa otro factor de destrucción del español hablado, que es, por supuesto, el más importante.

De lo que dicen los locutores o presentadores de deportes se ha hablado mucho, pero de cómo lo dicen, menos. A mí me pone carne de gallina el oír -casi siempre cuando voy en taxi- los tormentos que aplican a la lengua, la constante distorsión a que la someten. Los fonólogos deberían hacer un estudio de ello, con las grabaciones oportunas para hacer el inventario de los atentados a la elocución española.

Una lengua es siempre un temple o tesitura. El inglés, por ejemplo, se puede hablar “británicamente” o “americanamente” (y secundariamente con otros temples de menor alcance). En el caso del español hay diversos temples dentro de la lengua -los que corresponden a las diversas regiones o a los países que tienen el español como la suya propia-. Todos ellos son legítimos, aunque no forzosamente de igual valor -el igualitarismo, fuera de las leyes, es una perniciosa doctrina-. Lo que está ocurriendo es un asalto al temple general del español, al conjunto de sus variedades propias. El que casi nadie lea versos -y menos en voz alta-, el que incluso los actores rara vez sepan decirlos, el que se considere un “mérito” destrozarlos, contribuye a la destrucción del temple en que cada forma de habla consiste primariamente.

Y hay, finalmente, un riesgo más, que veo aumentar cada día. El español es una de las lenguas fonéticamente más claras; la simplicidad -la pobreza, si se quiere- de sus sonidos, su preferencia por las vocales puras, la articulación que le es propia, todo eso hace que sea casi imposible no entender lo que al quien alguien dice en español, y asegura que la comprensión entre los trescientos millones que lo hablamos sea fácil y segura. La dificultad surge solamente en algunos casos en que decimos de alguien que habla muy “cerrado”, lo cual quiere decir que discrepa del uso general, que habla una forma peculiar, por lo común aislada, una especie de “quiste” lingüístico; y, esto es excepcional.

En los últimos años, quizá en los últimos meses, empieza a generalizarse una manera de hablar el español de modo que sea ininteligible. Se introducen pronunciaciones irreales, falsas, que no son las normales ni las de una región o país particular, las cuales están dentro del sistema global y no perturban la comprensión. Son deformaciones voluntarias, deliberadas, rebajadoras, que procuran degradar el habla normal, con frecuencia envilecedoras, como una especie de sarcasmo interno aplicado a la lengua. Este fenómeno es más frecuente entre los jóvenes semicultos, de pocas lecturas -y no muy buenas-, sometidos a la presión de grupos más o menos organizados que imponen sus vigencias particulares.

Y han encontrado un poderoso refuerzo donde menos podría esperarse: en la publicidad de la televisión. Supongo que algunas agencias han descubierto la piedra filosofal: el rendimiento, para vender ciertos productos, especialmente de consumo juvenil, de la destrucción de la lengua, su conversión en caricatura o parodia de sí misma. Llevo una temporada de oír una publicidad que no se entiende; a lo sumo, se adivina confusamente lo que se dice, y que se aclara oportunamente con rótulos o botellas de tal o cual bebida, para que los compradores no se equivoquen, lo que sería grave. Esto se suele combinar con algo que se suele llamar -no sé bien por qué- “canto”. Compruébese lo que acabo de decir cualquier día, con la incesante publicidad; se verá, mejor dicho, se oirá, una serie de frases que apenas se entienden -en eso reside, por lo visto, su gracia-, y que suelen terminar con una especie de aullido de pretensiones melódicas. Pienso a veces si se está redescubriendo el habla del hombre de Neanderthal.

Julián Marías

Nota

(1)     Publicado en el diario ABC, con fecha 5 de mayo de 1989. A pesar de que el artículo del filosofo y académico Julián Marías está escrito a finales de la década de los ochenta del pasado siglo, su contenido adquiere una patética actualidad, dada la degradación sistemática a la que la lengua castellana está siendo sometida por no pocos hablantes españoles, algunos de ellos con presencia habitual en los medios de comunicación social.

 

Texto 2

Analice usted el significado de los celos. El celosos sabe, sin duda, lo que siente. Siente angustia ante la posibilidad, real o ficticia, de que un rival le arrebate el objeto de su amor. Todo se vuelve amargamente significativo para el celosos, porque cada gesto, cada olvido, cada palabra, cada ausencia de palabra, se convierte en prueba, corroboración, demostración de sus sospechas y de su desdicha. Hay en los celos un compuesto entramado de sentimientos: el apego profundo y desconfiado hacia la persona querida, el malestar provocado por el supuesto éxito del rival, el temor de perder o tener que compartir una posesión. Analizar los celos resulta fácil, porque parecen transparentes a la conciencia. Pero las apariencias engañan. Los celos no suelen contar una historia de amor, sino una historia de “amor propio”, que es algo muy diferente. Como ha estudiado Castilla del Pino, tienen que ver más con la posesión y la inseguridad que con el amor.

José Antonio Marina. La Vanguardia, Magazine, 2-09-2007

  

 

 

Rasgos característicos de los textos de análisis de causas

1.      Descripción clara de la tendencia o fenómeno cuyas causas se analizan.

2.      La finalidad principal del texto (aquí el análisis de causas) debe expresarse con claridad y mantenerse a lo largo del texto. El texto no debe incluir argumentos a favor o en contra de la tendencia o del fenómeno.

3.      Cada causa propuesta debe ilustrarse con ejemplos concretos.

4.      Consciencia de las causas alternativas o posibles contraargumentos a las causas propuestas.

5.      Tono razonable para evitar irritar al lector.

6.      Estructura clara. Existen dos pautas básicas:

a.      Se presentan en primer lugar las causas menos importantes.

b.      Se presentan en primer lugar las causas más importantes

7.      Párrafos estructurados cuidadosamente y coherentes.

 

Guía de preescritura: proceso estructurado de trabajo

 

1.      Lluvia de ideas (búsqueda memorística individual): elabora un pequeño listado de tendencias o fenómenos que te resulten familiares.

2.      Comparte tus ideas (búsqueda memorística en grupo): expón a tus compañeros del grupo de crítica las tendencias o fenómenos que se te han ocurrido y pregúntales cuáles han encontrado ellos. Durante el intercambio es probable que recuerdes temas más interesantes que tratar.

3.      Escoge una tendencia o fenómeno como tema.

4.      Elabora un listado o un mapa mental sobre sus posibles causas.

5.      Pide consejo a tu grupo de crítica. Hazles preguntas como:

a.      ¿Estás de acuerdo con esta tendencia?

b.      ¿Qué piensas de las causas que he citado?

c.       ¿Qué objetivos tienes contra mis causas?

d.      ¿Se te ocurren otras causas?

6.      Piensa en la información que te ha proporcionado tu grupo de respuesta y/o tu docente y haz breves anotaciones.

7.      Delimita el tema. Recuerda que tu texto debe ser corto. Escoge sólo dos o tres causas y haz breves anotaciones sobre ellas. ¿Qué argumentos o ejemplos puedes aportar para fundamentar cada causa? Ahorra tiempo elaborando sencillamente un mapa mental o un listado de tus argumentos. Decide cuál será tu audiencia, es decir, para quién estás escribiendo.

8.      Consideras posibles contraargumentos contra tu análisis de causas. ¿En qué otras causas pueden creer tus lectores? Recuerda cómo trató el autor del texto modelo otras causas.

9.      ¿Cómo vas a tratar las causas alternativas o contraargumentos? ¿Limitándote a mencionarlas, aceptándolas parcialmente o tratando de refutarlas?

10.  ¿Cómo estructurarás el texto? ¿Colocarás las causas principales al principio o al final?

11.  Escribe un primer borrador (con márgenes amplios para los comentarios).

 

Guía de crítica

 

Contenido y estructura

1.      ¿Cuál es el aspecto más positivo que has encontrado en el texto: la causa, argumento, ejemplo o frase más convincente?

2.      ¿Cuál crees que es el aspecto menos claro? ¿Tienes alguna propuesta para hacerlo más claro? ¿En dónde te gustaría que hubiese más ejemplos?

3.      ¿En dónde se puede mejorar el texto eliminando algo?

4.      ¿En dónde muestra el autor su conocimiento de otras causas o de causas alternativas?

5.      ¿Cómo estructura el texto el autor? Ten en cuenta la introducción y la conclusión, así como la separación en párrafos.

6.      Qué otros comentarios o preguntas tienes?

Aspectos lingüísticos

1.      ¿Qué expresiones y frases te gustan más? ¿Por qué?

2.      ¿Qué frases no te gustan? ¿Por qué?

3.      ¿Qué errores de ortografía y puntuación has observado?

 

 

 

Guía de revisión

 

Revisión para reforzar el análisis de causas

1.      ¿Cómo puedes poner de relieve la causa principal de la manera más convincente? ¿Mediante otro ejemplo o argumento de apoyo?

2.      ¿En dónde has tenido en cuenta las sugerencias de tu grupo de crítica?

3.      ¿En dónde puedes eliminar algo que no sea totalmente relevante para tu análisis?

4.      ¿Cómo fundamentas tu análisis de causas? ¿Mediante ejemplos, argumentos, estadísticas?

5.      ¿En dónde puedes mostrar que eres consciente de la existencia de causas alternativas? ¿Qué tratamientos les han otorgado? ¿Te has limitado a mencionarlas, las has aceptado parcialmente o las has refutado totalmente?

Revisión para que el texto resulte más claro y más fácil de leer

1.      ¿Cómo puedes mejorar la estructura? ¿Cuál es, por ejemplo, la idea principal de cada párrafo? Una buena idea sería subrayar la idea principal (pero sólo para ti).

2.      ¿Cómo has establecido las transiciones entre los párrafos? De nuevo puede ser una buena idea subrayar (sólo para ti) las palabras que constituyen las transiciones.

3.      ¿Qué finalidad tiene la conclusión? ¿Has resumido las causas más importantes? ¿Has dado una perspectiva más amplia a tu análisis?

Lee el texto detenidamente para identificar cualquier error innecesario de cualquier tipo (estructuras sintácticas, ortografía, puntuación…).

1 Comentario »

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    Comentario por ios 6 — 14 enero 2014 @ 13:09 | Responder


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